A mis hijas
Cuando vas a ser padre, crees que todo se limita a: consentir pataletas de media noche, calentar uno que otro tetero, un tedioso cambio de pañales o el placentero dormir en el sofá, con tu rostro reposando en mi pecho y el sonajero en mi mejilla, mientras llega a término otra final de fútbol. Pero la labor comenzó meses antes, cuando consentía el vientre de tu madre, que cada día crecía y en tu afán de acomodarte causaste a ella un sinnúmero de malestares. Fueron esos tiempos únicos y los recuerdo con alegría y nostalgia; antes de tu llegada me hacía a la idea de patines y ropita azul, todos los juguetes fueron: “balón y carritos”, ni hablar de la búsqueda de nombres, no hubo texto, directorio, recomendado, web search , etc. que no consultara… eso si ¡nombre de niño! Cuando la espera llego a su fin y el tiempo se hizo eterno no hubo en mi cabeza nada diferente a la angustia de tu llegada. La interminable espera que trae consigo mil oraciones, dudas y zozobra. N...